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Homenaje del BBA a Chicha Mariani
1923-2018

Fundadora y Presidenta de la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo, Chicha trabajó arduamente y se transformó en un ícono de la lucha de las Abuelas por hallar a los niños apropiados durante la última dictadura militar.

 

Hoy, todes hablamos de Chicha. Todes tenemos la necesidad de decir algo de Chicha. Todes, les que la conocimos o les que no, saben algo, intuyen algo. Y en lo que todes coincidimos es en la palabra lucha. 

Chicha Mariani fue una verdadera luchadora, porque en ella encarnaban una serie de virtudes muy difíciles de encontrar, y mucho más, todas juntas. En primer lugar la  humildad, profunda humildad, acompañada de tenacidad, persistencia, resistencia. Chicha no bajó los brazos nunca, ni siquiera desgastada por los años y el dolor. Una mujer que perdió a su único hijo y a su nuera y que sufrió la desaparición forzada de su única nieta a manos de las tropas genocidas de la última dictadura cívico-militar que asoló a nuestró país, siempre mostró un perfil bajo, sin orgullos ni egolatrías. Conocida y reconocida en todo el mundo, nunca se mostró presuntuosa de su quehacer, sino, como una hormiga, despacito, cargó sobre sus espaldas horas inagotables de búsquedas de todo tipo, como bien lo demuestra su casa, repleta de folios, carpetas, cajas llenas de material… Chicha no dejó de buscar  a su nieta Clara Anahí Mariani TEruggi, ni a otros nietos apropiados mientras fue Presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, como así también nunca dejó de ayudar a otres personas a encontrar su identidad, a través de la Asociación Anahí. Y siempre, toda su actividad, todo su trato era con una sonrisa amable, una palabra suave y encantadora, un gesto de preocupación por el otre, desde el detalle más nimio, hasta el problema más grave. 

Una gran luchadora, como Chicha, además, es honesta, es sincera y por supuesto, es valiente. Enfrentó a gobernantes, jueces, políticos, civiles, con un único objetivo: la búsqueda de justicia, como ella misma decía, no sólo para los suyos, sino para todes. Pero Chicha no nació así. Se hizo, se formó. Como dice Elsa Pavón, otra Abuela y Madre, compañera inseparable de Chicha y bastión ineludible en la lucha por los Derechos Humanos hoy en Argentina: 'A otros el dolor los destruye. A mí me construyó'. Lo mismo le sucedió a  Chicha, esa apacible profesora de Dibujo, que ejercía en el Liceo Víctor Mercante, entregando toda su pasión por el arte y la docencia, un día se transformó en guerrera. Un día, la realidad la llamó a defender la justicia, la dignidad y la humanidad. Y no tuvo ningún problema en cambiar su vida entera para poder salvar a su familia, y luego a toda esta gran familia que somos sus hijos, sus nietos, que la abrazamos como madre y abuela ejemplar. 

Y hoy, Chicha sufre una nueva transformación. Chicha ya es una bella mariposa, que siempre va a estar revoloteando por nuestros caminos. Porque fue ella la que nos enseñó lo que decía una antigua tradición maya: cuando un guerrero muere, se transforma en mariposa, para poder acompañar a sus pares en la lucha.  Hoy y siempre nos va a acompañar, siempre y cuando seamos conscientes de que esa lucha por encontrar justicia, dignidad y humanidad, aún no terminó. Y que especialmente, nuestres jóvenes, tienen que encontrar valores e inspiración, tienen que estudiar y profundizar en la lucha de quienes fueron  guías que nos mostraron y nos siguen mostrando a través de su historia una y otra vez, el camino a recorrer. 

Prof. Rosa Teichmann
Realizadora del documental Chicha, esperanza y dolor y de la performance Velar por.